Sonia Torrese
Enfermera
67 años
“Tenemos vida para tirar, pero necesitamos un trabajo. Necesitamos algo para poder vivir, para poder
seguirla”.
Sonia comparte su historia y explica que estuvo
“rodando por todos lados, donde pude, como una golondrina”. Ella también es una de esas hijas
expulsadas del
hogar familiar por ser trans. Hoy a sus 64 años volvió a esa casa pero para cuidar a sus padres. “Mi
hermana
y
mi hermano no me aceptaban. Tenían mucha vergüenza de mí”.
Los rulos rubios de Sonia le enmarcan las palabras que con timidez aparecen para retratarla. Cuando dice que
antes era “muy cerrada, muy burra”, las compañeras la frenan y le recuerdan que ella es la que
mejor memoria
tiene. Si alguien ve un rostro en una foto y no se acuerda quién es la respuesta seguro la tiene Sonia.
Como es enfermera explica que un vecino le pidió que fuera al geriátrico dónde estaba su madre para hacerle
curaciones. Las primeras veces no hubo problema, pero luego las enfermeras le contaron al dueño del lugar
que
ella era una persona trans:“Automáticamente me cerraron las puertas, me echaron”. Esto pasó
hace
aproximadamente siete años, en un país con Ley de Identidad de Género y sin edictos policiales.